Monday, September 06, 2010

Lejanía

Yo te amaba, te juro que te amaba. Y te amaba tanto que dolía, mi cuerpo crujía y todo se remordía si no estabas cerca. Te amé con tal fuerza que me dolían los huesos y la piel, así de intenso, así de pasional que todo se volvía humo y no pensaba ni meditaba la realidad. En verdad te amaba, tanto te amaba, desagradable, que odié cada parte de ti por ser como fuiste.

Entregué todo, me enamoré, enloquecí. Pedí a gritos tu aprobación, tus caricias, la necesidad de que me necesitases. Pero todo el cariño y el fuerte nudo que me unía a ti se fue desvanenciendo en tu despreocupación, en esas acciones que soñaba y no existían, en esos comentarios que sólo reprimían. El amor que profesabas, quizás, podía ser tan real, pero esa realidad la suprimías, ignorabas y reducías con total facilidad, olvidando que había alguien más y que, esa vida y esos sentimientos, conmigo compartías.

Y era todo tan fácil, como si de nada se tratase. Gritaba en tus oídos pidiéndote auxilio y comprensión, llorando y chillando desprotegida me arrodillaba rogándote atención, un poco de atención. Y tu discurso era el mismo y tus acciones, que en un principio tenían la joven emoción se volvían un traste viejo y desgastado que no tenían intenciones de lustrar.

Pero seguimos remando con dificultad. Mientras intentaba remar fuerte para no estancarnos, tú tenías tu mundo, tu universo, otro espacio lejano y fugaz desconocido en el cual yo no cabía, dejándome en el vacío de aquel bote donde mis brazos, cansados, preferían no continuar.

Y cuando solté los remos, mis músculos atrofiados y resentidos no podían perdonar tu desfigurada forma de actuar, y mi corazón dolido se torturaba viendo tu rostro en busca de respuestas que estaban dadas de hace tiempo. Entonces el barco quedó en medio del mar y tu, con fuerzas acumuladas de siempre, quisiste tomar los remos y ayudarme a remar; mas los remos se habían hundido y mis brazos cansados no daban más. Todos mis gritos, mis preguntas y mi llanto en vano se habían convertido, pues la único señal que provocó inseguridad fue la misma palabra Adiós, cuando no había vuelta atrás. Y todo dolía, porque ese amor que desgarra seguía desgarrando, transformándose en un rencor áspero en mi estómago.

No entiendo por qué siempre hay que llegar a las últimas instancias para hacer reaccionar, y cuando ya se reacciona nos damos cuenta que se nos fue todo de las manos.

Yo te amaba, te juro que te amaba. Y te amaba tanto que dolía, mi cuerpo crujía y todo se remordía si no estabas cerca. Te amé con tal fuerza que me dolían los huesos y la piel. Te amaba, porque mi boca lo decía, mi cuerpo lo bailaba, mis manos lo escribían; pero tus trib us nunca entendieron mi idioma. Y sólo te diste cuenta que era importante todo, cuando todo ya no estaba.

2 comments:

versosdescolocados said...

Me gusta tu forma de expresarte, lo k kuentas y kmo lo kuentas, todo fluye de una forma sencilla y komplikada a la vez.t invito a k visites mi blog, a ver si t gusta, kreo k aunke diferentes, vemos las kosas de modo parecido.
Me gustaría akonsejar tu blog desde el mio, k opinas?
t dejo la direccion
akihttp://www.versosdescolocados.blogspot.com/
un saludo de un nuevo seguidor.

Rubén M. Y. said...

Me gusta tu forma de acariciar las palabras.