Sunday, August 05, 2007
Seis de la tarde y tu te bajas del auto. Hace media hora atrás estabamos abrazados en la cama, me mirabas tranquilo y con expresión de paz, mientras yo acariciaba tu mano con mis dedos. Sentía como mi corazón palpitaba lentamente, pausándose en cada descuido. Mis ojos intentaban mantenerse atentos a un todo y tu me apretabas por la cintura quitándome un poco de respiración. Las cosas se hacen tan lindas al estar en tus brazos, al mantener tu mirada en la mía. ¿Es acaso que el amor nos vuelve ciegos? o mas bien será que nos hace vulnerables a los detalles casi inadvertibles. Miro tu rostro que concidero tan bello y delicado, esas facciones tiernamente diseñadas al perfecto ideal del que yo me hago presa en este momento y te siento cerca mío, posando tus dedos en mi cadera, penetrando tus latidos en mi pecho. Quisiera no acabase aquel momento único, quisiera que nuestras voces continuaran selladas en un beso tímido; pretendiendo que todo aquello que nos maltrata se aleje de nuestros cuerpos y almas, abandonando la idea de ser simples marionetas de un juego sin fin; convertir el juego en nuestro paraíso, el que tu y yo construimos a mano y pintamos con los pinceles que el amor en sus herramientas eternas nos entrega. Y siento que la alarma suena, que tu respiración se congela en un suspiro y mis manos tiemblan delicadamente. No quiero que ni el viento corte este instante, mas es el mismo tiempo que nos dedicamos el que nos da la pauta para soltar nuestros dedos. Me quedo tendida en la cama, pensando en que todo es verdad, tus palabras de reproche; me quedo quieta intentando concentrar esta tristeza en mi garganta. Tomas tus cosas y te veo desaparecer tras la puerta, me siento neutra. Me levanto y te sigo hasta ya cuando es posible, mientras tu abres la puerta del auto y me das un beso despidiéndote. Tus labios se me hacen tan dolorosos cuando se que no estarás por otra semana más junto a mi, y siento que es injusto no poder tomar tu mano cuando ambos lo necesitemos. Quisera tenete tan cera pero estás tan lejor. Quisiera detener el tiempo, especialmente en el primer beso... no a las seis de la tarde.



