Muchacha Plástica

Monday, March 26, 2007

Monólogo dospuntocero.

Ya estoy cansada de tanto sonido en mis oídos, de tanto calor sobre mi pecho, tanta canción maltratada y nombrada sobre las sábanas de mi cama. Estoy cansada de mirar por entre mis dedos y no ver más que polvo, de todo el color que alguna vez me rodeó, del olor asqueroso que expele el ocaso o el amanecer. Estoy harta de tanta mentira, cuando abro mis ojos y pretendo que mis brazos me indiquen el camino correcto durante el día, durante el transcurso de aquellas horas dolorosas que poco comprenden de mi cansancio. Estoy molesta conmigo misma por no aceptar lo que soy, lo que seré, lo que viene en mí y lo que nunca tendré. Estoy molesta porque no tengo razón propia para la cual existir, no me siento capaz de soportar los rayos del sol golpeando mi cara ni la oscuridad amenazando mi espalda, no me siento capaz de pestañar ante el dolor y el sufrimiento, no me siento capaz de absorver esta autodestrucción que me descompone. Quisiera poder no hablar, quisiera no oir, quisiera estar tan muda y tan sorda para no saber de nada ni nadie... para no saber de mí. Ayúdame a cerrar los ojos esta vez por tiempo indefinido, que no deseo volver a mover mis piernas, no deseo que mis uñas se vuelvan a incrustar en mi piel dañando a la vez el alma de los demás. Quisiera estar bien, necesito estar bien. Libérame de este peso, libérame llevando hacia el sueño que tanto anehlo, el sueño que solo será la profundidad de mi mente y sentimientos, sin este cuerpo que me hace tan mal, sin esta imagen que aborresco, sin este entorno que no entiende, sin estos recuerdos de mierda que me vuelven loca. Quiero gritar pero ya no me queda voz, ya no tengo lágrimas ante nadie, no me queda aliento con tanta presión. Ayúdame a cerrar los ojos, ayúdame a abandonarme, a olvidarme de mí y de ésto que sucede, solo quiero pertenecer al aire, a lo abstracto, a los recuerdos de un alguien, a las memorias de una historia. Quiero y necesito volver a ser quien fui, sin este dolor en mi alma, sin estas púas sobre mi pecho y corazón. Porfavor, no pido más que segundos de inconciencia. Este putrefacto aire me está matando poco a poco y no quiero estas cadenas atadas a mis muñecas, me siento tan sola cuando miro al techo buscando respuestas a todo lo sucedido, a todo lo que pasó y que no quiero tener sobre mi piel, este barro que se escabulle en mi boca, en mis venas... esta suciedad que me araña la delicadeza que queda de mi alma, el cuero de mis pobres extremidades sin fuerza. Quisiera que entendieras ésto, que pusieras atención, que me miraras con tanta nitidez como yo me logro ver. Estoy cansada de mentirme, de decir que todo va bien, de acumular la tristeza en el corazón, de guardar esta tinta que ha manchado mi cuerpo por tanto tiempo. Déjame caer, déjame escapar, déjame saltar... quiero saltar, quiero saltar. Ayúdame a desaparecer, a olvidar, a perdonar, a perdonarme por tanta maldad y dejarme vivir en paz. Déjame dormir. Quiero dormir.

Sunday, March 18, 2007

Mariposas

Me gusta mirarte dormir y pensar en qué estarás soñando, alucinar que quizás en tus oníricos pensamientos llevas mi imagen y que ansías tocarme tanto como yo a tí en este momento. Te deseo mas de una y mil veces, eres casi una utopía en estos momentos que temo tocar tu cuerpo para no despertarte o no generarte ningún malestar, pero es dificil aguantarse las ganas de tocar esos labios perfectos y respirar el álito de tu boca que en la mía se vuelve fuego y me aloca con desenfreno. Quizás será el tiempo que llevo sin verte, pero una semana no es tanto como para sentir esta desesperación desmesurada que me lleva a tiritar en estas ganas de poseerte una vez más. Me siento a tu lado y observo tus movimientos torpes en tu momento de descanso, movimientos que me parecen tiernos mientras me acerco lentamente intentando evitarte un susto o alarmarte, mientras me voy acostando a tu lado y pretendo abrazarte con delicadeza. Tu cuerpo tiene un calor especial que me envuelve en deseo y pasión, un calor que sofoca y engaña, un calor que solo yo puedo comprender para que sea partícipe de nuestro amor sutil y escandaloso. Siento tus manos toparse con mi pecho y auque en sueño te encuentres comienzas a acariciarme a movimientos rápidos y lujuriosos, haciéndome suspirar. Estamos tumbados sobre la cama y tu pecho se pega a mi espalda expresando una emoción de frenesí inconsolable, rodeándome con tus brazos fuertes y acercando todo tu cuerpo al mío en busca de más contacto. Mis cinco sentidos reaccionan a tu llamado y en eso se enfocan en la pasión que brota y endurece tus músulos golpéandolos contra mi piel que se deja llevar. Con tus ágiles manos desnudas tu cuerpo y el mío, al mismo tiempo que con la ternura del momento nuestras almas se unen y deciden despojarse de todo secreto, sintiéndose libres. Me tomas con fuerza y con la misma me presionas contra tu cuerpo el que se apodera brusca y delicadamente del mío, a movimientos deliciosos que me erizan los vellos y seducen cada poro de mi anatomía, así también de la tuya. El vaiven de sentimientos nos va envolviendo de manera lenta en un encanto, una fantasía que parece no terminar nunca pero en que ambos buscamos su final feliz; un vaiven entre fuego y agua que nos emborracha y encandila entre gemidos y caricias. Nuestra unión no es solo una simple noche más entre las tantas ya contadas, pues cada una de ellas lleva su sello de amor real, ese que te hace sentir mariposas aún cuando llevas años en un juramento de entrega mutua. Aquel amor que profesamos nos comienza a abrazar con su manto de sensaciones orgásmicas y nos entrega desnudos al mismo cielo en el que estamos tomados de la mano y nos sentamos en las estrellas apreciando la inmensidad de nuestro propio universo en el cual no existen ataduras para nuestro placer ni para nuestra entrega. Ya en la noción de encontrarnos sobre la cama giro mi cuerpo para chocar tu pecho contra el mío y así cobijarme en tu regaso, el único que me hace sentir esa inmensa paz que solo ahora podría sentir. Besas mi frente casi sumiso y luego mis labios muy tiernamente con un toque de cansancio y satisfacción, ambos extasiados en un momento que claramente ni tu ni yo olvidaremos pero tampoco tendremos porque comentar, si no mantenerlo en el anonimato de estas cuatro paredes y en los oídos y palabras de los verdaderos soñadores y amantes que gozan de lo mismo que nosotros. Tomo tu mano y entrelazo nuestros dedos; se que sientes este calor y yo seguiré sintiendo las mariposas revolotear.

Sunday, March 11, 2007

Homenaje a la mujer.

(título: Qué mujer)

A la mujer de hoy en día le gusta verse fea, tiene la poca conciencia de decirse feminista y actuar como macho, una estupidez total que pocas pueden contradecir, porque no es más mujer la que más se asemeja al espécimen masculino si no la que es una copia exacta de si misma. Y es que orgullosa estoy de tener pechos que se caigan con la gravedad y con los años, que den leche a mis hijos y tener cicatriz de cesarea o parto normal. Orgullosa estoy de tanta falda que tengo en mi closet como pantalón o bluejine para jaranear. Orgullosa me siento del rimel que cubre mis pestañas, del rubor que se mezcla con mi piel, del brillo que pinta mis uñas y de cuanto golpe, combo o patada he dado en los problemas a solucionar de la manera ya explicada. Orgullosa estoy de mis músculos no desarrollados y del area abdominal que acumula grasa para el invierno. Orgullosa estoy de tanto sostén que me he comprado como de tanto hombre al que he besado y tanta mujer a la que pude pelar o quizás maltratar. Orgullosa me siento de aquel erupto que me tiré en momento no adecuado, de aquella borrachera que de mi mente no he borrado y de aquel cigarrillo que no contenía tabaco. Orgullosa me siento de cuanto poema de amor he leído y cuanta canción emocional he llorado, de cuanta burla cruel me he reído y cuanto insecto he matado. Orgullosa estoy de mis gritos por uñas quebradas y de mis saltos de arbol en arbol. Orgullosa me siento de las novelas que he guardado y de las películas de guerra que he comprado, de los esmaltes que he botado y de las cartas que he quemado. Orgullosa me siento del tacón que duele en mis piés como de la zapatilla que se parece a la del vecino, de la sandalia que se rompió por correr o del zapato escolar de estilo masculino. Orgullosa estoy de cada fibra de mi cuerpo, de cada error de mis piés, de cada falla de mi piel, de cada cicatriz y lamento. Orgullosa estoy de mis caídas y derrotas, de mis logros y mis triunfos, de mis ideas y mis vueltas. Orgullosa me siento de mi misma, de mi honor de ser quien soy y tener lo que merezco, de sentir que vivo y que respiro el aire que me hace bien; orgullosa de cada centímetro de cabello que topa con mis hombros y cada tontera que pude o no quise hacer. Y es que no será más dama la que habla de pinturas ni más feminista la que odia el modelaje, porque no hay mujer que no quiera verse linda ni tonta que no desee respuesta inteligente. Por mi parte juego a la suerte y me sigo sintiendo orgullosa de cada uno de mis hechos y no hechos, por quien fui, quien soy y quien seré... Una mujer. Qué mujer.


Nota de la autora: Ojalá el escrito no se mal interprete y se piense que hablo de mí, en ese caso, aclaro y digo que es un general sobre lo que me gustaría escuchar decir sobre si misma a una mujer.

Monday, March 05, 2007

Impactante

Con tus lágrimas y puñales me haces llorar, estoy desvestida sobre tu alfombra roja y tus cadenas, tendida entre redes que tu amor poco más que condena me ha traído a un infierno. Déjame tocar mi propio cielo y expandir mis alas al vuelo, quiero relajar mis tensos dedos y dejar de vivir una fantasía. Amor mío, vida mía, condena de mi deseo, asqueroso reflejo de tu ser que no entiende de verdades ni tampoco de mentiras. He sido constante en mantener este lazo, en encontrar la manera de que seamos uno en vida y tu te mantienes errante en tus acciones llendo a lugares que no merecen ser escavados, maldito roedor enjaulado, déjame vivir mi propia vida. Qué descortes intención es la tuya de arrebatir cuando animal cruce en tu cara, cuanta dicha se pose en tus manos, cuanto amor se cuelgue de tus uñas; porque no eres principe encantado, ni azul, ni verde, sólo el reflejo del amante que alguna vez pudo tocar mi vientre y llevarme al cielo. Estoy mirando tu nuca y siento el fuego golpear mi espalda, insignificante el calor que me provoca arañarte en este momento, insignificante el ardor que me contagia de tu herida. Ni dioses ni reyes ocupan su poder para engatusar como tu lo haces, méndigo de besos que nunca serán tuyos, por lo menos déjame tomar las riendas de este momento, déjame hablar con mis palabras, déjame escupir con mi saliva, déjame jugar con mis piernas y déjame morir por mi cuenta. Estoy de vitrina para tu encanto y me cuelgo a tu cintura de tonta, quisiera terminar este tiempo de placeres y debates, quisiera poder enmendar el daño y que dejases de una vez de perseguir mis pasos. Cansancio es la palabra que esconden mis labios, cansancio de tus reproches, inseguridad, discordia, catarsis delirante, parábola mal escrita. Que corta se hacen las palabras para poder decir tanto que siento y cuan impactante se hace el hecho de ya no verte en mis escritos, santo y pecado el día en que creí en tus encantos. Lloraré esta vez y no será de frío.