
El cuento corto.
Mirabamos el arbol complacidos, este verano los damascos se veian exquisitos colgando de las débiles ramas. Fernando acariciaba mi cabello con delicadeza proporcionando un cosquilleo extra ante su precensia, qué más podía pedir yo al cielo si tenía a la persona adecuada en el momento adecuado. Estabamos felices; y el viento jugueteaba con los olores que llegaban desde la cocina, olor a caramelo y marmelada. Yo supuse que sería mi madre quien cocinaba y me deleitaba tan tímidamente. Él ,por su parte, no dejaba de meser su cuerpo en aquella antigua silla y yo perdía la noción del tiempo al esconderme tras el arcoiris que se veia entre el agua de un charco abandonado. Mamá decía que cuando un charco de agua no se sequa es que alguien cercano tiene una pena que no quiere curar; por eso me pregunté quién sería aquel que tuviese aquella tristeza.La tranquilidad aumentaba más aún junto con el pasar de la tarde. El cielo se volvía rojo y las nubes rosa. Fernando tomó mi mano con cuidado y un escalofrío recorrió mi espalda, aún así los olores no dejaban de traerme lindos recuerdos de cuando era bien cabra y mi abuela aún vivía.Le dije a Fernando que entráramos a la cocina rápido, que el viento se estaba poniendo helado. Mi mamá aún revolvía en una olla la mermelada y mezclaba sustancia para mí desconocidas. Fernando era un amante anónimo de la cocina y bastaba que le pidieras papas fritas para que te cocinara "la especialidad", y yo, a mis vientiocho años, aún no sabía cocinar.Mientras mamá cocinaba yo me dignaba a mirar por la ventana y Fernando disfrutaba de una nueva receta. El cielo estaba más bonito que de costumbre y la nostalgia llenó el ambiente justo en el momento que se escuchaba como un vendedor ofrecía algodones de azucar y un montón de canciones tristes, entre baladas y boleros, comenzaron a penetrar mis oídos; ciertas melodías melancólicas y algunas frases lejanas... "bésame, bésame mucho"... "contigo en la distancia, amado mío"... "dame el humo de tu boca" ... "si quieres ser mi amante" ... "sentir, que es un soplo la vida" . Todo estaba bien, después de todo; las vacaciones eran un agrado cuando los días eran tan especiales. Un beso me despertó de mi fantasía; era Fernando que me tomaba de la cintura y me apretaba con cariño. Me pregunté si acaso algún día volverían aquellos tiempos de tranquilidad y paz, si algún día eszcucharía otra vez la voz de mi querida abuela; pero qué más da, si el tiempo continua avanzando y "cambia, todo cambia". Mamá siguió cocinando la exquisita mermelada, los olores continuaron su busqueda, el sol dejaba su rastro y yó, tomando la mano de Fernando, seguía mirando hacia el cielo rojo, aquel rojo triste.visite: lo no plástico
¿Qué piensas del libro El Tunel, oye?
Es que yo creo que María nunca fue amante de Hunter y que Juan Pablo lo imaginó todo. Ahora bien, no descarto la idea de que María haya sido solo una maniquí de las feroces garras de algún tercero.Su papel gatilla todos los sucesos de la historia y por ende me dá a entender que debe de encontrarse algún error en las afirmaciones de Juan Pablo. Aparte, hay que recordar las última palabras de Allende que resonaban en la mente de Juan Pablo: "Insensato".¿Qué piensas tú?Si fuese María, Yó diría: Si acaso Juan Pablo sintiese lo que yó. El no sabe lo que es realmente el amor y desconoce el verdadero significado de mis acciones, no comprende nada de nada. Yó no soy más que una ilusión de su bipolar manera de pensar, esa manera que él no sabe controlar y deja llevarla hasta el último de los extremos. Cuántas veces me ha hecho sentir miserable. Juan Pablo no merece más que su propio castigo; él se lo buscó de la manera en que logró cometer los pecados más asquerosos siendo que él mismo hablaba de lo infame de la humanidad. Que infamé es Juan Pablo. Que horror me ocaciona pensar que él fue el hombre que logró hacer notar en mí lo último que quedaba de mis pobres sentimientos. Siempre le dijé que le haría mal; siempre. Ahora yo lo veo sentarse en su ventana gimiendo, implorando ayuda que, claramente, yo no puedo otorgarle. Maldito el día en que me habló, maldito el día en que se atrevió a posar su intimidante mirada en mi fragil cuerpo. No soy quien creyó, nunca lo fuí. Que utópico fue aquel, que utópica su manera de expresar. Juan Pablo no es más que la concentración de todos los pesares paganos y yó su más fiel compañera que nunca le ayudó más que en hundirse en su propio lodo. Soy tan asquerosa y maldita como él. Soy tan mierda como él. No merecemos ni cielo, ni tierra, ni infierno; deberíamos morir, debería morir él, como yo lo hice, de una buena vez y aunque Hunter insistía en que él sería quien lograría hacerme feliz, yo sé que no es así, pues bien será un excelente partido, yó, como único ser en este embrollo, no siento ni sentí el más mínimo interés hacia ese cretino. Tan cretino como Juan Pablo. Pero Juan Pablo era más que un cretino atolondraro y un depresivo sin razón; era una especie de bohemio en busca del firmamento perfecto, una mirada triste entre las neutras, era un exquisito manjar entre tanta penumbra. No niego que lo amé y aún lo hago. No niego que lo miré y me sigue preocupando. Juan Pablo es solo la sombra de mis desiluciones. Soy tan maldita como él. Soy tan mierda como él. Soy tan cretina como Hunter y como él, como Juan Pablo. Y como todos. Pero estoy muerta y éllos vivieron para contarlo.VISITE: LO NO PLÁSTICO [actualizado]
Las niñitas no lloran.
Si giselle hubiese sabido lo que sería de su vida nunca se hubiera arriesgado. Eran pocas las veces que sentía miedo, pero esta era una de aquellas en las que el corazón le palpitaba en su garganta y unas gotas de sudor helado recorrían su frente. No se sentía conforme ni a gusto observando la mirada perdida de su madre que reflejaba lo poco de luz del sol. Giselle se recortó en la sillo mirando el techo, buscando una manera de sacar a su madre de aquel trance. Contadas eras la veces en que sentía un cariño, por volatil que fuese, hacia élla; ahora se encontraba imaginando que quizás la ya deteriorada relación se rompería definitivamente.Las paredes de la habitación parecían contraerse, todo parecía nublarse poco a poco y su visión se hacía escasa; de todas formas se lecantó del aciento y caminó reiterando vueltas como felino enjaulado. Su madre aún no abandonaba aquel estado inconciente. Giselle sintió el peso de años de silencio volar sobre sus hombros; relajó sus extremidades y miró hacia el ocaso reflejado en los ojos de quien le dió la maldita suerte de traerla al mundo. Dejó de dar vueltas y sin más palabras tomó su mochila abandonada en un rincón de la habitación, se acercó a pasos lentos hacia la puerta sabiendo que si escapaba dejaría a sus espaldas un dolor más acumulado para su vida, un problema más para su ya condenado fututo; pero ya nada quedaba que hacerle, era su madre quien no quería tomarle la importancia al asunto y que seguramente como siempre creería que todo aquello dicho era solo una manera más, un plan más, de parte de Giselle, para alejarla; pero claro, claro que no era así. Giselle pocas veces era sincera y esta también era una de aquellas en las que solo deseaba contar lo real, lo verídico y no sería culpa de élla si los demás se hicieran los sordos pues realmente no lo hacía con maldad si no poir la necesidad de liberarse.Abrió la puerta con lentitud como esperando que su madre la detuviese, claro estaba que nada de aquello sucedió y Giselle salió silenciosa hasta llegar a la calle. Ya afuera el atardecer desaparecía y aquellos colores rojizos aumentaban el ariente dolor que la enceguecía poco a poco, dejándole un tumulto de ideas esquivas que ni ella misma lograba entender. Pensó en la obvia reacción de su madre y se dispuso a continuar su camino, ya estaba dicho que de volver a aquella casa ni hablar y menos hablar en algún momento del tema. Era así y punto, no debían darle más vuelta al asunto. Era lesbiana, que llanto ni que nada... y punto.Créditos: Manikí [http://fotolog.com/the___dummy] (Imagen)